Resistencia e impulso (María Alejandra, Valdivia)
Calza unas robustas botas de goma que la protegen del agua que moja el suelo.
Sobre el mesón distribuye y ordena los trozos de salmón y merluza que los clientes no tardan en comprar en su puesto en el Mercado Fluvial a orillas del río Calle – Calle.
Ella destaca entre los vendedores y vendedoras entre los colores y los sabores del lugar. Ella pesa y entrega la compra con una sonrisa que se ha mantenido en tiempos de pandemia.
Mujer joven de esfuerzo que corrió por años tras la pelota en el campo de juego hasta que una lesión se lo impidió.
El deporte para ella es un motor de vida, es su pasión, es su vocación más profunda, pues piensa que las personas que practican y ejercitan un deporte, cuidan la salud de su cuerpo y también la de la mente.
Es por eso que trabaja ayudando a su madre vendiendo en el mercado para poder financiar los estudios para llegar a ser una preparadora física.
La mano que ordena las presas de pescado en el mesón del puesto, es la misma que por las tardes lanza una bala de acero que se eleva a hasta acariciar el comienzo del cielo valdiviano.
Campo y disciplina esquivo con las mujeres y acogedor con los hombres, pero ella no se doblega, ella fortalece su cuerpo, entrena sin respiro para poder romper las marcas, pero por sobretodo, para poder superarse día a día a sí misma.
Ella sabe de metas. Ella administra la fuerza de su cuerpo y la de su perseverancia para conseguir aquello que se propone en la región de bosques altos, en la ciudad del río bello e imponente como su prestancia ante la vida.
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